La historia de Leyre
Mi camino comenzó en el mundo de la salud.
Mis primeros estudios fueron como Auxiliar de Clínica, lo que me llevó a trabajar durante años en distintos entornos sanitarios y asistenciales: residencias de tercera edad, centros especializados en personas con discapacidad física y mental —tanto infantil como adolescente— y diferentes áreas hospitalarias como quirófano, paritorio, UCI, urgencias o radiología. También trabajé en hospitales dentales.
Durante años estuve completamente inmersa en el ámbito sanitario, acompañando procesos humanos muy profundos: enfermedad, nacimiento, vulnerabilidad, recuperación y cuidado.
Paralelamente continué ampliando mi formación en estudios reglados dentro del ámbito social y sanitario: oncología, atención sociosanitaria, integración social y promoción de igualdad de género. De hecho, trabajé para el Ayuntamiento de Madrid, impartiendo programas de igualdad entre mujeres y hombres en colegios de integración social.
Pero algo dentro de mí pedía ir más allá.
En 2009 comenzó a abrirse una nueva etapa en mi vida cuando empecé a formarme como monitora deportiva y facilitadora de actividades dirigidas. A partir de ahí se despertó en mí una profunda curiosidad por comprender el cuerpo humano no solo desde la medicina tradicional, sino también desde una mirada más holística.
Ese camino me llevó a formarme como quiromasajista especializada en técnicas manuales y japonesas, y posteriormente en disciplinas como Reiki, meditación, masaje metamórfico y acupuntura.
Fue en ese momento cuando algo hizo “clic” dentro de mí.
Comencé a integrar todo lo que había aprendido en el ámbito sanitario con el movimiento, la energía y las terapias naturales. Decidí poner todo ese conocimiento al servicio de personas con discapacidad mental, aplicando estas herramientas con resultados profundamente transformadores.
También trabajé en clínicas médicas y hospitales de medicina estética, combinando mi labor como auxiliar de enfermería y terapeuta corporal.
Pero cuanto más aprendía, más crecía mi búsqueda.
Esa sed de conocimiento me llevó a profundizar también en el camino espiritual. Durante un tiempo estuve estudiando con comunidades budistas, asistiendo a clases semanales y retiros donde profundicé en la meditación y la consciencia.
Más adelante me formé en Registros Akáshicos y Chamanismo, iniciando así una etapa de exploración mucho más profunda de la dimensión energética y espiritual del ser humano.
Con el paso de los años amplié mis estudios integrando múltiples disciplinas de crecimiento personal y desarrollo de la consciencia: Psicología Transpersonal, Relaciones Conscientes, Psicología Transgeneracional, Constelaciones Familiares, Coaching, técnicas pleyadianas, trabajo con geometría sagrada, sanación metatrónica, hipnosis, sanación del útero, Tantra, Biodanza, neurociencia, alto rendimiento y física cuántica, entre otras.
Pero uno de los momentos más determinantes de mi vida ocurrió en 2013.
Recibí la llamada inesperada de una vidente a la que no conocía. Me dijo que necesitaba conocerme y que debía invitarme a una reunión privada en un lugar muy especial: una casa en medio de un bosque.
Sentí que debía acudir.
Cuando llegué descubrí que era la casa de un chamán.
Al verme, me dijo algo que nunca olvidaré:
“Te estábamos esperando.”
Ese día recibí una iniciación y una limpieza energética profundamente poderosa. Algo se abrió dentro de mí de una manera que no había experimentado antes.
Esa misma noche comenzaron a despertarse memorias profundas en mi interior.
Era como si estuviera recordando una parte de mí que siempre había estado ahí.
Desde ese momento comenzó a activarse con fuerza mi conexión chamánica.
Desde 2010 ya venía compartiendo sesiones individuales y talleres de crecimiento personal, espiritual y profesional, pero a partir de ese momento mi camino tomó una dimensión mucho más clara y profunda.
En 2014 comenzó también otra de las grandes piezas de mi destino: mi unión con Francisco Javier García Las Heras, que hoy es mi marido, compañero de camino, pareja sagrada y co-creador de nuestra misión.
Juntos comenzamos a desarrollar metodologías, formaciones y procesos de acompañamiento integrando todos los conocimientos, experiencias y prácticas que ambos habíamos recorrido durante años.
Hoy somos creadores y fundadores de la Universidad KilyOM, un espacio dedicado al despertar de la consciencia, el desarrollo de los dones y la expansión espiritual de las personas.
Todo lo que he vivido —desde hospitales hasta iniciaciones chamánicas— ha formado parte de un mismo propósito:
acompañar a las personas a recordar quiénes son realmente y activar su verdadero potencial.